Que el alimento sea tu medicina, y la medicina tu alimento… ¡si puedes!

Javier Aguilera Lizarraga · 15-02-2021 10:00 · CEBE responde

Se dice que Hipócrates –considerado el padre de la medicina, allá por el año 400 a. C.– ya asociaba una buena alimentación con una salud de hierro. Hoy en día, es bien sabido que una dieta variada y equilibrada nos ayudará a sentirnos mejor y más sanos. Sin embargo, para algunas personas, el “comer de todo” no es una opción, ya que hay ciertos alimentos que les causan malestar o dolor intestinal. Pero, ¿no decía Hipócrates eso de que el alimento sea tu medicina?, ¿en qué quedamos? Sí, hay gente, y no poca, que sigue sin saber por qué sufre problemas intestinales después de comer, incluso, comida saludable.

Este es el caso de personas con Síndrome de Intestino Irritable (SII), también conocido como colon nervioso o colon irritable. ¿Y qué es esto del SII? En ausencia de enfermedad aparente, el SII se manifiesta como dolor o molestias abdominales de manera crónica, además de como una alteración en la frecuencia y consistencia de las deposiciones (mundialmente conocidas como caca), en forma de diarrea o estreñimiento (¡o ambas a la vez!). Tras verificar la ausencia de sangre en las heces y hacer una colonoscopia (lo que ayuda a descartar otros problemas más graves, como cáncer digestivo), así como confirmar que no hay celiaquía o alergias a alimentos, el médico puede diagnosticar que la persona padece SII si sufre los síntomas intestinales crónicos que hemos mencionado. Esta afección, hoy en día una gran desconocida, es bastante frecuente –se estima que puede afectar hasta a 1 de cada 10, o a 1 de cada 5 personas en los países occidentales– y es un motivo habitual de consulta en atención primaria y especialistas gastrointestinales.

La razón por la cual estos pacientes sufren síntomas intestinales crónicos se desconoce. La gran mayoría de ellos coinciden en que la dieta, y en concreto algunos alimentos –como los lácteos, productos con gluten o comidas que contienen FODMAPs (un acrónimo de palabras raras en inglés que, para resumir, se refiere a alimentos que contienen carbohidratos de difícil absorción en nuestro intestino)– son los causantes principales de sus síntomas. Por tanto, muchos creen que padecen una especie de alergia o intolerancia que no se detecta en los análisis. Como el diagnóstico de SII se basa en síntomas, y no en nada que visiblemente se pueda detectar, no es raro pensar que el paciente está somatizando, o incluso se lo está medio inventando: “Está todo en su cabeza, seguramente será estrés”. Además, el problema es que no existe un tratamiento eficaz para el SII. Aunque ciertos fármacos pueden aliviar la diarrea o el estreñimiento, en lo que se refiere al dolor abdominal, no hay nada que funcione bien. Algunos médicos dicen que, quizás, lo mejor sea relajarse y evitar situaciones de estrés. Pero tampoco suele funcionar.

En un estudio publicado recientemente en la revista Nature [1], mi grupo de investigación (en la KU Leuven, Bélgica) y yo mismo hemos encontrado una posible explicación al origen de estos síntomas intestinales, demostrando que tienen una raíz biológica y que, por tanto, no están en la cabeza del paciente. En este estudio, experimentos llevados a cabo con ratones nos muestran que una infección intestinal, o las toxinas producidas por ciertas bacterias, pueden hacer que se desarrolle una respuesta inmune dirigida contra ciertos alimentos –es decir, los detectan como si fueran algo dañino– si éstos están presentes cuando se desarrolla dicha infección. Esto hace que se pierda la tolerancia a dichos alimentos y, aunque la infección esté resuelta, desde ese momento su ingesta provoque dolor abdominal y diarrea, como ocurre en pacientes con SII. En cambio, si los alimentos no están presentes en el momento de la infección, o no hay infección mientras están en el intestino grueso, no se pierde la tolerancia y por tanto no se desarrollan síntomas del SII.

Es decir, ¿parecido a una alergia? Sí, pero no. En una alergia encontramos unas proteínas, conocidas como anticuerpos del tipo inmunoglobulina E (IgE) viajando por la sangre. Estas IgE -que se piensa que su función es la de protegernos en busca de parásitos-, en el caso de las alergias, detectan erróneamente la comida (o polen, o ácaros… cosas que el cuerpo debería tolerar sin problema) como algo dañino y avisan al resto del sistema inmune para que ataque (y este ataque es lo que llamamos “reacción alérgica”). Por eso, si nos hacen una prueba de alergia en la piel (Ilustración 1), tendremos pequeñas erupciones o edemas en aquellos sitios en donde nos hayan puesto el alérgeno –o sustancia que nos da alergia– en cuestión (si somos alérgicos a algo, claro).

Ilustración 1. Prueba de alergia en el brazo. Imagen obtenida de Topdoctors. 

¡Un momento! Pero si habíamos dicho que, para diagnosticar SII se descartaban las alergias. ¡Ahí está la gracia! Resulta que esta respuesta inmunológica y el aumento en producción de IgE específicas de alimentos, suceden SÓLO en el intestino y estas IgE no llegan a pasar a la sangre, por lo que la respuesta inmunológica no se dará de forma generalizada en el resto del cuerpo. De ahí que solo desarrollen problemas intestinales y que estas complicaciones no se puedan detectar con pruebas convencionales. Para comprobarlo, después de demostrar esto en ratones, reclutamos a pacientes con SII y vimos que, aunque no mostraban signos de alergia a los alimentos que estudiamos (con prueba cutánea, como la de la Ilustración 1, negativa y ausencia de IgE específicas en sangre), sí que desarrollaban una respuesta inmune cuando administrábamos comida –como soja, gluten, trigo o leche– directamente en su intestino grueso. Además, vimos que los niveles de IgE eran más altos en el intestino grueso de estos pacientes que en el de voluntarios sanos (es decir, sin SII), resultados muy parecidos a lo que mostraban nuestros ratones.

En conclusión, el origen de los problemas intestinales de estos pacientes no estaría en sus mentes, sino en la biología de su propio intestino. Este estudio abre nuevas vías de comprensión de un viejo problema que aún está sin resolver: el dolor que sufren las personas con SII. Sin duda, un alivio parcial para estas personas que aún están a la espera de un tratamiento eficaz que resuelva, de una vez por todas, sus problemas intestinales y les permita comer lo que les dé la gana.

Ilustración 2. Mecanismo biológico propuesto en nuestro estudio.

 

Publicación científica de referencia:

[1] Aguilera-Lizarraga, J., Florens, M.V., Viola, M.F. et al. Local immune response to food antigens drives meal-induced abdominal pain. Nature (2021). https://doi.org/10.1038/s41586-020-03118-2

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